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22
Nov
2018

La autoetnografía y la innovación

La etnografía en el mundo de la antropología

En el post sobre tecnoantropología vimos de forma general en qué consistía la antropología y qué nuevos desafíos se planteaba en el mundo de la innovación, y hablamos a grandes rasgos sobre las diferentes herramientas o metodologías que utiliza el investigador. Pues bien, entre ellas estaba la etnografía. Cuando escuchamos esta palabra nos preguntamos ¿qué significa etnografía? Se presenta como la herramienta profesional que utiliza el investigador para generar y organizar toda la información que recopila durante una investigación sobre un contexto social y cultural determinado, se suele estructurar a grandes rasgos en el diario de campo, las notas que se recogen en la observación participante y no participante, en las entrevistas y los focus group.

Partiendo de esta definición no existe una sola manera de ponerla en práctica, nosotros desde la tecnoantropología hemos evolucionado el concepto a la autoetnografía, que sería la metodología que usamos para realizar investigaciones en el mundo de la innovación. En el caso español tenemos el ejemplo de Jordi Colobrans, cuando nos habla de la primera vez que llevó a cabo el desarrollo de la autoetnografía con el proyecto del libro “Autoetnografía de mi yo informatizado 1992-2002” (Colobrans, 2013), evaluando su experiencia personal durante un período de su vida en relación con el mundo digital y la tecnología.

Fuente: Living labing

¿Qué es la autoetnografía?

Las autoetnografías difieren de la etnografía tradicional en que la figura del investigador cobra relevancia, incluyéndose como un miembro más en la investigación para profundizar en la comprensión del objeto de estudio. Esto es especialmente importante cuando trabajamos en proyectos de innovación tecnológica, dado que el mismo antropólogo ha sido socializado en una cultura tecnológica y digital. Los usuarios-investigadores realizan sus autoetnografías en primera persona y a modo narrativo, adaptándose a las necesidades de cada proyecto.

Dentro de las autoetnografías distinguimos dos tipos: las evocativas, desarrolladas en entornos académicos, y las analíticas, que contrariamente se han popularizado en entornos de investigación aplicada, rápida y estudios de mercado. La que usamos mayoritariamente es la autoetnografía analítica desde la perspectiva de un género de escritura e investigación autobiográfico, que conecta lo personal con lo cultural, es decir, las autoetnografías son altamente personalizadas, textos reveladores en los cuales los autores cuentan relatos sobre su propia experiencia vivida, relacionando lo personal con lo cultural (Richardson, 2003). Así que los usuarios-investigadores utilizan este instrumento para documentar, analizar e interpretar sus experiencias de exploración y evaluación de servicios, plataformas o la usabilidad de los productos.

Vamos a poner el caso que nos ocupó en 2016 con un estudio realizado con la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), se nos propuso a un grupo de investigadores del ACPA (Asociación Catalana Profesionales de la Antropología) realizar una investigación etnográfica sobre la experiencia del alumnado en el proceso de matriculación en la universidad, con el objetivo de mejorar la usabilidad de la plataforma informática y la gestión de los procesos con los profesionales de la universidad. Para ello realizamos diferentes autoetnografías tanto por parte de los alumnos como por parte de los investigadores que interactuamos con la universidad, como si fuéramos futuros estudiantes. La autoetnografía que tenían que realizar se distribuía en diferentes apartados y subapartados y a través de ello el usuario tenía que redactar todo lo que iba sucediendo durante la experiencia de matriculación de la forma más exhaustiva posible, acompañándolo con pantallazos representativos. La autoetnografía se llevó a cabo durante la experiencia de usuarios y usuarios-investigadores en la matriculación en diferentes carreras universitarias, másters y postgrados.

Así pues dentro de la investigación cualitativa la autoetnografía nos puede proporcionar mucha información, debido a su estilo personal y a modo autobiográfico de redacción, ya que el usuario lo realiza de forma individual y puede sentirse libre de plasmar todo aquello que piense o sienta a través de la experiencia. A su vez, cuando somos los investigadores los que realizamos la misma dinámica y desarrollamos una autoetnografía ante un estudio, nuestra perspectiva enriquece la autoetnografía desarrollándola de forma más densa y detallada, puesto que nuestra doble visión (teórico-práctica) enriquece la redacción y descripción del proceso.

Una vez obtenidos los resultados estructuramos el texto de las autoetnografías en diferentes partes: ideas, necesidades, requerimientos, propuestas, contextos, tipologías, patrones y alguna categoría más que pueda surgir, dándoles un color distinto a cada uno de ellas. De esta manera analizamos cada autoetnografía y desarrollamos ese patrón con cada una, pudiendo agrupar las diferentes categorías de forma que nos ayude a poder organizar la información, ya sea para clasificar los aspectos más relevantes, de repetición o realizar el informe de resultados.

Una de las grandes aportaciones de la autoetnografía es la técnica narrativa y el estilo personalizado que nos ofrece, favoreciendo que en la fase del análisis podamos hacer énfasis en el metalenguaje del texto, observando los significados y la intención que le da el usuario y, a su vez, realizar una comparación simultánea entre la autoetnografía del usuario y el investigador, obteniendo conclusiones o referencias de forma paralela, para poder comparar o contrastar entre otras cosas.  

Referencias bibliográficas:

Colobrans, J.(2013). Autoetnografías aplicadas a proyectos de innovación. En H. Cairo (Presidencia).  XI Congreso Español de Sociología de la FES. Congreso llevado a cabo en la Universidad Complutense de Madrid, Madrid.

Richardson, L. (2003). Writing. A Method of Inquiry. En N. K. Denzin y Y. S. Lincoln (Ed.), The Sage handbook of qualitative research (2), (pp. 959-978).  EUA, California: Sage

 

Foto de portada: Bellevue college

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